Una de las cosas que hecho muchísimo de menos de las que hacía con mi hija Lucía en los fines de semana y fiestas de guardar, era ese ratito reservado casi en exclusiva para nosotros dos, en los que poníamos música nada más levantarnos.
Mientras sonaban sus canciones preferidas de rock nacional y que se han convertido en las mías también, preparábamos el desayuno, nos lo tomábamos y al terminar «bailábamos» y hasta «cantábamos» -sinceramente ella cantaba y bailaba lo mío no se puede llamar así –.
Durante el resto de la mañana seguían sonando canciones de su gusto, mientras dibujábamos, jugábamos o mientras me ayudaba a «trabajar».
Está claro que jamás voy a poder a volver a hacer esto ni disfrutarlo igual, pero en mi empeño de recuperar las cosas que me hacían tanto bien, esta es una de ellas. La música siempre ha estado a mi lado en mi vida, marcando cada momento de ella y ahora no podía ser de otro modo.

Estoy recuperando el gusto de disfrutar de la música, no solo la que evita el silencio que te acecha mientras haces cualquier actividad, sino la que se disfruta conscientemente, la que te evoca esos momentos especiales, que te hacen sentir una sensación que ya no está pero que el hilo conductor de la música es capaz de recuperar.
He «sufrido» en pleno concierto al escuchar la canción favorita de Lucía de ese grupo o contante, como la emoción se apoderaba y sentir una sensación muy contradictoria, de profunda añoranza, tristeza y alegría al mismo tiempo por sentir que con esa canción en ese instante, estaríamos los dos disfrutando, bailando y cantando como pasaba en esas mañanas que tanto añoro.
Gracias por escuchar a este loco sentimental que intenta rellenar un vacío infinito con algo de la mejor medicina que existe en este mundo, la música.
– Siempre en nuestros corazones –