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Introducción.

Este es un «proyecto», de mi única montura que a día de hoy puede rodar por las calles y que abandonaré este mundo sin desprenderme de ella; fruto de la generosidad de mi pareja y que toma nombre porque no había día que mi hija Lucía, amante incondicional de los unicornios, no intentara subirse en ella.

Mural Lucía

Contaba los días para cumplir sus ansiados 7 años, para tener como regalo de cumpleaños un casco y poder rodar conmigo.
Por desgracia el día de su séptimo cumpleaños no recibió su casco de regalo, puesto que estaba en el Hospital de Oncología Infantil y no pudo salir de allí para volver a subirse a «su moto», como ella decía.
No hay día que no vea la moto sin acordarme de Lucía subiéndose a ella o que debería de estar acompañándome mientras ruedo…


Presentación.

Sentadas las bases de lo sentimental del proyecto, os paso a presentar la montura.

Se trata de una Triumph Speedmaster 865cc de 2007, motor bicilíndrico paralelo, alimentado por dos carburadores, refrigeración por aire y 4 válvulas por cilindro. Con 55 CV a 6.750 rpm y 70Nm de par para mover 250kg.
En conclusión una cruiser de mecánica inglesa fiable y de prestaciones medias.

La moto fue comprada de segunda mano en tierras salmantinas tras la pandemia y aunque estaba bien cuidada por un mecánico de «confianza» del dueño, este no era muy fino.

Aunque correcto en la parte mecánica, el resto no se podía decir lo mismo, lo que ayudó a su compra por su bajo precio

Primeras impresiones y reparaciones.

Los amortiguadores traseros originales tenían un funcionamiento mediocre, la horquilla muy justita en rendimiento y modificaciones hechas con taladro de mano y radial sin ser muy finas. Y mejor no hablemos de las modificaciones de instalación eléctrica…
Pero, a pesar de todo, era una muy buena base a un precio muy por debajo del mercado en ese momento.

Lo principal es que básicamente estaba en orden de marcha y con una mecánica sana, lo que me permitió rodar con ella desde el primer día tras un mantenimiento básico.

Lo primero fue solucionar la «tapeta» de cuero bajo el asiento de muelles, todo un despropósito, mal cortada y peor unida al chasis; un trozo de chapa, tijeras y mucho martillo fue la solución. Y buscar de dónde venía un problema eléctrico, una derivación a masa de un manojo de cables empalmados con una «gran maestría».

Después de rodar con ella y sentir que el mini manillar tipo ‘Z’ que llevaba era insufrible para mi maltrecho hombro, tocaba buscar una solución con la que fuera cómodo. La respuesta era simple, un «T bar» con agarre más ancho y algo de mayor altura, lo que también me permitió eliminar las torretas originales y sustituir los intermitentes por los originales, aunque con pensamiento de en un futuro cercano cambiarlos por otros más estéticos y minimalistas en otra ubicación.

Una vez con la postura más cómoda, el siguiente paso fue sustituir el asiento de muelles, que no me terminaba de convencer estéticamente y menos aún de forma ergonómica para mí.

Un par de «sustillos» mecánicos con el cable del acelerador y el asiento de las bujías sucios, me hicieron pasar un mal rato, pero todo de fácil solución.

Lo siguiente en la lista era buscar unos amortiguadores nuevos para la parte trasera, eligiendo unos fantásticos Hagon nitro y para compensar la parte delantera, unos muelles progresivos de la misma marca.

Por último, sustituí el foco delantero por uno del mismo tamaño pero con tecnología LED, lo que por fin hizo que rodar por la noche no fuera un acto de fe.

En este punto se empezaron a acumular ideas y «cositas» a hacer, nada de gran importancia pero que todo sumaba un plus para que esta moto quedara totalmente a mi gusto. Con paciencia fui diseñando y comprando algunos de los elementos que harían de esta moto algo especial.

Y se paró el mundo.

Durante este periodo, mi hija Lucía seguía subiéndose casi a diario queriendo montar conmigo en moto y esperando su séptimo cumpleaños, pero como ya sabéis, en 2023 la diagnosticaron una de las peores enfermedades que existen, un maldito cáncer (Sarcoma de Ewin).

A día de hoy, que escribo estas líneas, hace poco más de un año que Lucía nos dejó y mi mundo se paralizó.

Durante dos años prácticamente, la moto permaneció parada subida en un elevador y con una lona por encima.

Obligándome a seguir.

Un día más, tras armarme de valor, pedí otra cita en la ITV (hubo más de un intento). Llegado el día, conseguí arrancarla y subirme en ella (costó más lo segundo) y fui a pasar una más que caducada ITV en la que no hubo un solo metro del trayecto que no fuera con lágrimas en los ojos y el corazón en un puño, puesto que ese paseo era el primero en el que era totalmente consciente que Lucía jamás se subiría conmigo en «su moto«.
Pasada la ITV, la moto pasó varias semanas aparcada esperando a que yo volviera a tener fuerzas para subirme a ella.
Ahora mismo, sigo sintiendo ese pellizco en lo más profundo de mi ser, pero también siento que Lucía me acompaña desde donde esté; sabiendo que ella no querría que dejara de montar en «su moto».

Desde hace un tiempo me he propuesto ir recuperando las cosas que me hacían sentir bien y ser quien soy; el recuperar este proyecto es una de ellas.

He comenzado a recopilar todas las ideas, bocetos y notas que tenía sobre el proyecto, las piezas que compré y que no recordaba dónde estaban o incluso que las había comprado y, como es lógico, nuevas interpretaciones de lo pensado hace unos años.


Desde este punto, espero dejarlo recogido por aquí, no a modo de diario, que suficientemente largo va ya esto, sino como un resumen del proceso casi más personal que del trabajo en sí mismo.
Como no podía ser de otro modo, si habéis llegado hasta aquí, estáis invitados a acompañarme en este viaje personal.

Verano de 2025 – Empecemos una vez más…

Parece mentira, ha pasado un año prácticamente desde la última actualización, para unas cosas sólo es una año y para otras una barbaridad de tiempo, 31557600 segundos.

En fin, algunos avances he hecho, menos de los pensados, pero algo es algo… Voy a resumir brevemente de en qué estado se encuentra el proyecto:

En líneas generales la moto no ha cambiado nada, salvo un neumático trasero nuevo por pura necesidad, pero sí hay cositas preparadas para el día que empiece a desmontar.

He fababricado algunos tornillos de «sustitución» en acero inoxidable para ir poniendo detallitos…

Lo primero, tengo unas fantásticas tapas EMD de fundición para el motor.

Pintadas con Cerakote gracias a Xykon Restauración y con las aletas cepilladas con mucho dolor de mis manos.


Trabajo que sin ninguna duda va a merecer la pena, ya que el motor, aún no siendo el más bonito del mundo mecánicamente hablando, va a cobrar un sutil protagonismo.

Ahora que el motor va a tener esta estética, los carburadores no podían ser menos, a si que me he fabricado unas tapas acordes al conjunto.

En un calentón compré una horquilla springer DNA para montar junto con una llanta «big spoke» de 21″, discos nuevos, pinzas RST… Vamos un calentón de los gordos.


Le fabriqué una tija ultranarrow en aluminio para un manillar a medida… Pero tras hablar con Carlos de Berval Ingeniería sobre las implicaciones de esta reforma, echar cuentas de lo que iba a suponer a mi bolsillo y muchas pruebas de concepto, vendí la springer a mi amigo Isak para uno de sus proyectos.
Sin renunciar a la rueda de 21″, que va a quedar impresionante, he diseñado tijas nuevas con el ancho suficiente para albergar las pinzas originales y poder montar los discos de frenos de sustitución flotantes, que tendré que adaptar a la rueda. De este modo puedo ahorrarme el ensayo de frenada, compensar la geometría…

He fabricado el soporte de los nuevos intermitentes delanteros en acero inoxidable (simplemente porque puedo, no porque tenga mucho sentido), para dejar el manillar lo más despejado posible y quitar los horribles intermitentes originales.


Siguiendo con los intermitentes, los traseros también están fabricados, para poner unas ópticas 3 en 1 y así quitar la luz de freno.

En fase de diseño esperando su turno, está el nuevo porta-matrículas, el tapón de gasolina, una plantilla cutre de cartón con un croquis en papel para quitar el tacómetro e instalar en su lugar un nuevo velocímetro… Y alguna cosa más que seguro que se me escapa.

Podría haber avanzado más en este tiempo, sin duda, pero el propósito es no estancarme de nuevo y reencontrarme con disfrutar del proceso de nuevo.

Verano de 2026 – ITV y ¿empezaré a desmontar?…